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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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SERGIO ESTEBAN VÉLEZ


El Mundo, 23 de agosto de 2008

 

Por estos días, el creador antioqueño Félix Ángel, director del Centro Cultural del BID, se encuentra en Medellín, para presentar su nuevo libro, “Nosotros, vosotros, ellos”.

 

Félix Ángel es un hombre polifacético: artista plástico, escritor, curador, gestor cultural y crítico.  Cuando este arquitecto de la Universidad Nacional hizo su primer viaje a los Estados Unidos, en 1974, se dio cuenta de que ese país era con el cual se identificaba verdaderamente. Entonces, luego de regresar a Medellín y hacer otros 4 viajes de observación al país del Norte, decidió establecerse definitivamente en Washington, donde desarrolla una fecunda labor artística y de promoción de las Artes, desde 1977.

En ese momento, Félix Ángel ya era uno de los artistas jóvenes más reconocidos de Colombia: había ganado varios premios en salones de Arte y se había dado a conocer por su espíritu inconforme, que buscaba mucho más de lo que podía ofrecer la entonces parroquial “Bella Villa”.

Ya había demostrado, además, su talento como escritor, al publicar, en 1975, su novela “Te quiero mucho, poquito, nada”, la cual dedicó “A la respetable ciudadanía de Medellín y a su distinguida clientela”.  “Clientela” que se escandalizó con el contenido de esa obra homosexual e iconoclasta, con provocativas ilustraciones del mismo Ángel, que le causaron más de una llamada amenazante (uno de sus objetivos, por esos tiempos, era hacer collages con material erótico y pornográfico).

Paralelamente, escribía y dirigía, en nuestra ciudad, el magazín “Yo Digo”, un periódico mimeografiado informativo y crítico sobre el arte en nuestro medio, el cual se distribuía gratuitamente, en galerías y centros culturales de Medellín.

Quiso, además, dejar un testimonio sobre la orientación y las vivencias de su generación de artistas en Medellín.  Así, nació “Nosotros”, publicado por el Museo El Castillo.  Hasta esta semana, en la que Ángel ha lanzado su “segunda parte”, “Nosotros, vosotros, ellos”, aquel era el único estudio publicado sobre ese grupo de artistas de un momento de ruptura y sismo en nuestra cultura.

El decenio de 1970 fue un período en el cual estuvo en efervescencia la vocación literaria de Ángel, lo cual produjo el ataque de otros intelectuales de la ciudad que no podían comprender a un “pintor escribiendo”.  Pero Ángel, más que artista plástico, se siente, ante todo, un creador, y se deja llevar por las diversas formas, gráficas o escritas, por las cuales puede plasmar su sensibilidad. Y, a pesar de la polémica que levantaba su obra, agresiva y, ante todo “underground”, como él mismo la califica, esta alcanzó gran popularidad en nuestro medio.  Ya muchos lo veían como un seguro alto representante de un “malditismo” colombiano.

Al respecto, Ángel nos dijo que: “Como creador, para expresarme, he tenido que acudir a ese espacio ‘underground’, que no es el que corresponde a la ‘ciudad por encima’, en el que todo se ve en apariencia OK y todo está determinado.  Yo me he hecho mi espacio, en esa otra dimensión, que es lo opuesto a aquella cosa en la que yo crecí y en la que la gente esperaba que yo fuera de cierta manera ‘gente común y corriente’. Yo siempre he sido un ‘outsider’, y entender eso es una de las grandes claridades de mi vida.  Cuando uno se da cuenta de a dónde pertenece, encuentra cierta paz, porque, por lo menos, no tiene expectativas por esas otras cosas en las cuales uno no tiene cabida”.

Su camino como promotor de nuestra cultura en los Estados Unidos comenzó cuando, poco después de su llegada a Washington, fue llamado para ser asistente personal de José Gómez Sicre, director del Museo de Arte Contemporáneo de América Latina (OEA) y, por muchos años, el máximo gurú del Arte Latinoamericano.  Gómez Sicre, por su parte, se había interesado en Ángel, desde hacía unos años, cuando lo conoció en una fiesta en casa de la pintora Dora Ramírez y se impresionó tanto con su talento, que lo seleccionó para una muestra de cinco artistas colombianos en el museo que regentaba.

Debido a la impenitente coquetería del anciano director, algunos llegaron a pensar erradamente que Ángel tenía con él una relación más que profesional, pero lo cierto es que nunca pasó de ser “su mano derecha”.  Luego del rico aprendizaje que entraña la amistad y la compañía de un personaje como Gómez Sicre, pasó a ser curador de exposiciones temporales del museo y se involucró en programas de divulgación de nuestras Artes, en compañía de la famosa crítica Marta Traba y con la colaboración de otros importantes museos de los Estados Unidos.

En 1989, consideró pertinente retirarse del Museo de la OEA, para enfocarse en su propio trabajo artístico y en la curaduría eventual de importantes muestras de Arte Latinoamericano.

Pero su entera consagración a su obra personal se vio interrumpida por una propuesta que le presentó el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en 1992, para ser consejero institucional del establecimiento del Centro Cultural de esa importante institución, que pretendía en el  "Quinto Centenario del Encuentro de Dos Mundos", hacer un aporte al avance del análisis del concepto de la cultura como parte del desarrollo.

En este proyecto, en el que se requería que “supiera de todo” fue responsable de la conceptualización de los programas asociados con el Centro Cultural, las políticas administrativas y la curaduría de las exposiciones. En 1999, fue nombrado director de ese connotado edificio cultural de la capital de los Estados Unidos, posición en la que permanece hasta el momento.

“Ahí, yo llego, más que como artista, como arquitecto, porque era una labor de diseño de algo que no existía.  Y, a partir de ese momento, entendiendo lo que es el BID, concebimos una misión, una visión y unas estrategias en pos de avanzar en el liderazgo en el sector del desarrollo, pero con una definición muy novedosa de lo que era el desarrollo, porque introducía la cultura como uno de sus componentes”, nos cuenta Ángel.

Su trabajo en el BID implica la dirección de programas como el de “Desarrollo Cultural”, que financia micro proyectos culturales, en todo el Continente. Destaca, además, la promoción de la cultura interamericana en Washington, a través de múltiples manifestaciones de la cultura de la región, como exposiciones de Arte, Cine, conferencias y conciertos.

De su hiperactividad surge el que, además de haber dirigido la curaduría de un centenar de exposiciones de todos los países de América y algunos de Europa, se haya preocupado por hacerse cargo, además, de redactar la mayoría de sus catálogos.

Su deseo de promocionar la interacción entre el arte de las Américas, lo ha llevado a adelantar, en el BID, la publicación de algunos libros sobre el Arte Latinoamericano.

Sus credenciales como dirigente cultural y su prestigio como artista lo han llevado a desarrollar programas con numerosos museos e instituciones de los Estados Unidos y a dictar conferencias y ser ponente en reconocidos simposios internacionales.

Sorprendentemente, el tiempo también le ha alcanzado para ser, durante un decenio, editor de Arte del HI-AS, de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

La calidad de su obra y el mérito de sus innumerables labores culturales llevaron a que, en el 2002, el Alcalde de Washington D.C. lo designara "Comisionado para las Artes y las Humanidades del Distrito de Columbia”, lo cual, sumado a su cargo en el BID, lo convirtió en uno de los latinoamericanos más influyentes en el panorama artístico de los Estados Unidos.

Pero, a pesar de la fuerza y la energía con que ha asumido la conducción de tan importantes proyectos para el desarrollo cultural latinoamericano, Félix Ángel nunca ha dejado a un lado su propia tarea creativa.  Así, a lo largo de 4 decenios, su obra se ha exhibido en más de 90 exposiciones individuales y en aproximadamente 300 muestras colectivas, en Colombia, Estados Unidos, México, Puerto Rico, Venezuela, Ecuador, Chile, Panamá, Costa Rica, El Salvador, República Dominicana, España y Francia.

Y, más allá de sus triunfos internacionales y del recuerdo de la incomprensión que padeció en Medellín, durante tantos años, este artista no se ha olvidado nunca de su tierra y, además de promocionar la obra de artistas colombianos, se ha preocupado por regalarle al público de la ciudad algunas de sus mejores obras.  De los resultados de su incursión en la técnica del mural en concreto y hierro, le han quedado a la ciudad 4 obras públicas, entre las cuales se encuentran los murales en cerámica esmaltada, instalados en estaciones del Metro.

Actualmente, además de sus responsabilidades en el BID, se ha apartado un tanto de las temáticas Pop y de las obras de enfoque urbano que lo hicieron famoso y ha regresado a la técnica del collage, esta vez para denunciar, con sutileza estética y precisión técnica, los desastres de la guerra y de la confusión vital de nuestros tiempos.

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