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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
  • El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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Poesías de la niñez

Al igual que los poemas incluidos en la sección "Poesías de El Niño Poeta", los siguientes versos hacen parte de los poemarios "Destellos nocturnos" y "Entre el fuego", publicados por Sergio Esteban Vélez, cuando tenía doce y catorce años de edad, respectivamente.  En ese entonces, dada su precocidad literaria, Vélez era reconocido con el apelativo de "El Niño Poeta". 
En los libros que escribió en su niñez y adolescencia, Sergio Esteban Vélez se enfocó hacia la poesía clásiva, cultivando especialmente el soneto y el romance octosílabo.  La práctica de las técnicas académicas fue fundamental para, más tarde, construir su obra desde las formas propias de la modernidad.
Aquí, algunos otros ejemplos de los poemas escritos durante su niñez:

L A PAZ NO TIENE PAZ

 

La paz va desolada, está presa en la guerra,

los hombres con fusiles sus alas desangraron,

en luchas por poderes su resplandor quemaron,

pues la ambición malsana se adueñó de la tierra.

 

La paz es el más dulce de todos los manjares,

es sueño de horizontes en tierras verdecidas,

la paz es el camino que hace durar las vidas,

que concientiza al pueblo y alegra los hogares.

 

Va volando descalza, lleva los pies heridos,

en lágrimas bañada, resuenan sus quejidos,

y el vibrar de las bombas amordaza su voz.

 

Se postra en cada paso para aliviar pequeños

que perdieron sus miembros por el tétrico empeño

de los hombres violentos que rechazan a Dios.

 

Se dirige a los montes pero están en batalla,

las escuelas cerraron sus puertas por el fuego,

van cayendo cabezas, se ha acabado el sosiego,

los labriegos huyeron, el universo calla...

 

Y tiranos sin alma van secuestrando abuelos,

y asaltan las cabañas y matan por matar,

enterrando sonrisas y enturbiando la mar,

¡sólo queda un desierto con entrañas de hielo!

 

Los estados la aclaman mientras ven sus cenizas,

las parroquias la lloran en sus fúnebres misas;

pero todos seguimos en combates mortales.

 

Pero al fin de esta noche, cual nueva madrugada,

Se verá entre la niebla que opaca la alborada

que la paz llega plena con destellos triunfales.

 

 

U N DIA ANTES DEL PAGO

 

Una langosta con postre,

cañón acaramelado,

un rico pollo a la broadster,

un buen vino o un helado. 

 

Esto aparece en el “poster”

de ese restaurante amado,

pero decidí comerme,

las uñas, por desplatado. 

 

Si me ganara el lotín,

de inmediato pediría

un rubio vino del Rhin. 

 

Pero en éste amargo día

-parece no tener fín-

me comeré una sandía. 

R ECORDANDO A SILVA

 

Con trágicos lamentos, Silva entona sus cánticos,

y la luna de plata no apacigua sus súplicas,

los párpados del cosmos rutilan melancólicos

en el oscuro valle de la noche penúmbrica. 

 

El etéreo perfume de la brisa noctámbula

se expande en la alborada como plácida túnica,

la luna va entregando sus destellos fantásticos...

los violines del cielo desplegando sus músicas. 

 

Y pálida en el féretro, descansa Elvira estática

y resuena en el ámbito como una bala acústica,

el corazón de Silva va regando sus cálices

y se apagan sus ojos y su luz plenilúnica.

Dos almas se congregan en un sueño romántico

y se juntan sus sombras cual danzarinas lúmbricas. 

 

A  LMA TRISTE

 

Yo soy el pasatiempos de la vida

que azota mis antorchas consternadas;

solo sé, soy un alma desolada

que sólo espera la final partida.

 

En mi espíritu tengo mil heridas

y una lumbre que sufre encadenada,

mi alma ya de dolores está henchida

y por remordimientos apagada. 

 

Me levanto en las horas nocturnales

observando un crepúsculo divino,

y me acuesto al umbral de las auroras.

 

No me importan los bienes ni los males,

solo un poema y un vaso de vino,

y van pasando rápidas las horas.

 

No salgo de mi lecho almidonado,

y se agobian mis ojos por el llanto,

por tanto sufrimiento tanto, tanto,

que estremece mi cuerpo ya acabado. 

 

Solo un húmedo cuarto maltratado

percibe mis dolores que no aguanto,

perecieron los mágicos encantos

de vivires dementes y obstinados. 

 

Fui rico, ¡sí! yo tuve mucho, mucho,

dinero, amor, salud, bellos quereres,

y ya no escucho ni mi propia voz.

 

En mi espíritu mueren los cartuchos

de un enjambre de ensuéñicos poderes,

y sólo espero que me aguarde Dios.  

  

 

F RESCURA DE LAS AGUAS MELODIOSAS

 

Frescura de las aguas melodiosas

que besan la dulzura del rocío,

la luna va ensoñando las campánulas

ondulando los vientos fugitivos. 

 

Por los diques arpégicos del muelle,

se contempla la luz del infinito,

cadenciosas fragancias de luceros

escuchando las voces del vacío. 

 

Libélulas danzando por las ondas

dulcifican la sed de sus racimos,

desplegando sus alas blanquecinas

un cisne se aposenta entre su nido.

 

En la cima fugaz del pensamiento

se apaciguan los fuegos de los silfos,

y se ocasan las flores de la aurora

sumiéndose en las faces del olvido. 

 

  

P  ETALOS DE LUZ

 

Almíbar de los dioses centelleantes,

prisma sutil que danza en armonía,

huracán de crepúsculos brillantes,

universo fugaz de fantasía. 

 

Arrebol de colores deslumbrantes,

festival de candor, rayo del día,

tempestad de esplendor despampanante,

ensueño de las dalias, ambrosía. 

 

Fragancia de espirales de clavel,

trémulo colibrí sobre una rosa,

extasiado extrayendo dulce miel

 

Farol de las celestes cordilleras,

ebúrneo corazón de mariposa,

y horizonte marcado en primaveras. 

 

P ERRITO CALLEJERO

 

Perrito callejero de mirar consternado,

despreciado por todos, por el hambre invadido,

sin techo que te acoja, solo y abandonado,

recorriendo las calles, triste y adolorido.

 

En las oscuras noches, el frío te acorrala

y la luz del ensueño no te toca sumisa;

al verte te patea toda la gente mala

y nadie se conmueve con tu cuerpo hecho trizas.

 

Oh, Dios, ¿por qué dejaste que animales tan fieles

no disfruten contentos de las mágicas mieles

del cariño de un amo que les dé la comida?

 

¿Por qué Señor, replico, no los llevas contigo

libres en tu perrera gozando de tu abrigo,

a tus pies descansando, lamiendo tus heridas?

  

A LBA PRIMAVERICA

 

La noche que suscita a la obsidiana,

exalta el corazón del infinito,

y en el frágil candor de un sueño escrito,

se despierta la auténtica mañana.

 

La aurora se proclama soberana,

su destello se ve en el curubito,

de un azul firmamento que ha descrito,

los edenes de un alba alcaravana. 

 

El rocío recorre los fulgores

del verde pasto y pétalos de flores,

besadas por los rayos del gran sol.

 

Y la alondra recorre el horizonte,

mezclada con los trinos del sinsonte,

entre magnos suspiros de arrebol.   

 

  

 

M IS PASOS SON MIL POEMAS

 

Mis pasos son mil poemas

que undívagan los recuerdos,

son notas de ruiseñores

madrigalizando anhelos.

Son flores de plenilunio

que se mecen con los vientos,

son rútilas golondrinas

que embonando los espectros,

encuspidecen abismos,

marchitando los desvelos.

 

Mis versos son fuentes puras

que sacian la sed del pueblo,

son campanas reverentes

que deslumbran los luceros,

son corceles majestuosos

que corriendo por los cerros

galopan las primaveras

para encontrar los desiertos.

 

Mis poemas son mil pasos

que recorren con su vuelo

las luces de la alborada,

y las estrellas del cielo,

las ciudades con sus galas

y el aire fresco del huerto.

 

Mis poemas son mis cantos,

son mis hijos, mis destellos,

son los retoños de mi alma,

que eternizarán mi cuerpo.

 

 

R  ISA ESBELTA Y PURPURINA

 

Tu risa es de matices somnolientos,

es dulce campanada en primavera,

es magno rayo en pampa jardinera,

es ensueño, es idilio, es mar, es viento.

 

Tu risa es el crepúsculo de un ave,

arpegio de las luces vespertinas,

un susurro del agua esmeraldina,

emoción suspicaz, rítmica y suave. 

 

Tu risa es la magnolia de los montes,

es un trueno que alumbra el horizonte,

es gaviota de perla con rubí.

 

Tu risa es el más dulce de los trinos,

es un cántico esbelto y purpurino,

que cadente se enciende en frenesí.

 

 

 

LA SANGRE DE LOS GUIJARROS

 


Rueda y rueda la corriente

martirizando guijarros,

en las fuentes cristalinas,

entre los montes dorados.

 

Mientras la fragante lluvia

los ensueña con sus cantos,

los peces los acarician

suavemente en el costado

 

Todas las noches, la luna

los contempla acurrucados

bajo las ondas del agua,

como frutos de alabastro.

 

El arroyo los abriga

con sus melódicos mantos

y el sol besa las pupilas

de sus cuerpos ya tatuados.

 

Van viajando por las aguas,

y observan, puros, los nardos;

son los llantos de la tierra

salpicados por los rayos.

 

Y al ampliarse el horizonte,

se deslizan por los lacios

jirones de torbellinos

del agua del mar salado.         

 

 

C ELESTE RESPLANDOR: 
LA MARIPOSA

Multicolor ensueño que el vergel engalana,

volando por los aires de ritmos peregrinos,

y besando arreboles de fondos cristalinos...

va dejando a su paso perfumes de avellana

 

Sutil como la brisa, diáfana cual mañana,

núbil cual primavera de esplendores divinos,

capullo estremecido que brota entre los trinos

de las luces del cielo en el cual es sultana.

 

Tiemblan sus faustos pétalos cubiertos de rocío

arco iris fugaces que, con celeste frío,

deleitan las magnolias con su alegre vaivén.

 

Pasa veloz la estrella y en un ferviente giro,

posa la mariposa con lírico suspiro

sobre el arco dorado de una flor del edén. 

M ENSAJERA DE DIOS

 

Bendito Dios por darte como madre,

de un mar que por tus dádivas florece,

que se mece en tus ramas en la tarde,

que te ama y que tal vez no te merece.

Bendito Dios por darte el sufrimiento,

esos fuertes dolores que en tormenta

se fueron convirtiendo en arrebol.

De tus tibias entrañas,

surgió la luz,

surgió mi ser,

surgió la vida,

surgió el amor.

Soy escencia de ti

tú eres enviada

de ese Dios que bendigo y que profeso,

para cuidarme,

para darme tu amor,

para luchar por mí,

para entregarte toda por mi felicidad.

 

Eres tú madre buena,

la que cesó su sueño

para velar el mío,

la que quitó la risa de su boca,

para observar mi corazón latiendo,

la que derrama lágrimas conmigo,

la única en el mundo,

que nunca me abandona,

una luz centelleante,

que siempre vivirá,

Bendito Dios,

¡Bendito!

¡Eres tú la María del poeta!

 

 

L AS ROSAS DE DOÑA ROSA

 

Yo necesito una rosa del rosal de doña Rosa

que con su lírico aroma crepuscule el horizonte,

y estremezca corazones, hipnotizando los montes,

una rosa primorosa del rosal de doña Rosa.

 

Yo necesito una rosa del rosal de doña Rosa,

que con sus mágicos pétalos, suscite a la primavera,

y que ensueñe a los idilios su fragancia placentera,

una rosa candorosa del rosal de doña Rosa.

 

Una rosa que persigne las auroras de fragancia,

que su aroma puro y suave se difunda en la distancia,

en un piélago dorado de esplendores purpurinos. 

 

Una rosa pudorosa que eclipsara al alhelí,

que con su néctar divino traiga pronto el colibrí,

una rosa cadenciosa que florezca entre los trinos.     

 

 

T U CUERPO ENTRE LOS SILFOS

Tus ojos como cosmos, recóndito de ensueños,

un abismo de luces centelleantes y trémulas,

una hoguera de ocasos, corazón de misterios,

refulgentes, melosos, cual celestes luciérnagas.

 

Tus labios como un verso de ténues vibraciones,

voluptuosos imanes que deleitan los míos,

desprendiendo huracanes de agitadas pasiones,

cual carbúncleos capullos de esplendores festivos.

 

Tu sensual cabellera como un nimbo dorado,

que ondulante se mece con los vientos furtivos,

espigas perfumadas de boreales nardos,

cayendo suavemente sobre tus hombros finos.

 

Tus manos blancas, puras, de luz sobre el teclado;

tus senos cual magnolias de corolas henchidas;

tu cintura un susurro de arena y de topacio,

delgada, nubea y suave, como un beso de brisa.

 

Tus caderas un péndulo de cristal peregrino,

que en rítmicos vaivenes se tornan margaritas,

y tus muslos de nácar terciopelos del Nilo,

y tus piernas cascadas como un arco de lilas.

 

Tu cuerpo entre mis brazos, nuestros labios unidos,

nuestras almas perdidas en un amor perfecto,

los sentidos pulsantes en perfecto equilibrio,

y en tenue remolino se estrechó el Universo.

 

 

 

 

 
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